Por Rosa María Arjona

¿Cuál es la mejor biblioteca del mundo? Difícil pregunta, ya que en nuestro pequeño planeta existen muchas y hermosas bibliotecas cargadas de sabiduría, arte e historia. Desgraciadamente, otras muchas han desaparecido a lo largo de los siglos por guerras, incendios o saqueos promovidos por exaltados líderes políticos o religiosos. La destrucción de las bibliotecas, junto con la quema de libros, constituyen los lamentables capítulos de la censura, el fanatismo, la estulticia, la incultura y la venganza a la que puede llegar el ser humano.

Dos de las bibliotecas más famosas de la antigüedad fueron la Gran Biblioteca de Alejandría y la Biblioteca de Constantinopla. En la primera se intentó compilar todo el conocimiento de la cultura helénica. Era, en palabras de Vitruvio, arquitecto, escritor y tratadista romano del siglo I a. C. , “la editorial más grande de la antigüedad”. Fue destruida en el año 48 a. C., en el incendio que devastó la ciudad de Alejandría durante el asedio de César. La Biblioteca de Constantinopla, creada por Constantino en el año 315, y que llegó a tener más de cien mil rollos o volúmenes, fue quemada por León III el Isaúrico.

Sin duda, dos grandes pérdidas para la humanidad.

Ir a una biblioteca es tal vez una de las actividades más culturales que se puedan llevar a cabo. Sobre todo, si además de albergar un extenso y variado catálogo de ejemplares, estos se encuentran en una excepcionales instalaciones. Sirva como ejemplo la Biblioteca de la Abadía de Melk, en Austria, la cual alberga en su interior numerosos manuscritos medievales. Fueron esos manuscritos los que dieron a la Abadía de Melk prestigio internacional, convirtiéndose en una escuela cristiana en el siglo XII que perdura hasta la actualidad.

Tal es el prestigio de esta abadía que Umberto Eco decidió llamar a uno de los protagonistas de su libro El nombre de la rosa Adso de Melk, como homenaje a este monasterio y a su famosa biblioteca.

Resumen de la novela “El nombre de la rosa”, de Umberto Eco (Alessandria, Italia, 1932)

La historia, original mezcla de novela gótica y de relato policíaco a lo Agatha Christie, cuenta las peripecias de Guillermo de Baskerville y de su alumno y fiel acompañante, Adso de Melk, en una abadía benedictina en el primer tercio del siglo XIV. Peripecias que giran alrededor de unos misteriosos textos griegos y las extrañas muertes que se suceden en torno a ellos.

Una Pincelada

“No me extrañé de que el misterio de los crímenes girase en torno a la biblioteca. Para aquellos hombres consagrados a la escritura, la biblioteca era al mismo tiempo la Jerusalén celestial y un mundo subterráneo situado en la frontera de la tierra desconocida y el infierno. Estaban dominados por la biblioteca, por sus promesas y sus interdicciones. Vivían con ella, por ella y, quizá, también contra ella, esperando, pecaminosamente, poder arrancarle algún día todos sus secretos. ¿Por qué no iban a arriesgarse a morir para satisfacer alguna curiosidad de su mente, o a matar para impedir que alguien se apoderase de cierto secreto celosamente custodiado?

Tentaciones, sin duda; soberbia del intelecto. Muy distinto era el monje escribiente que había imaginado nuestro santo fundador: capaz de escribir sin entender, entregado a la voluntad de Dios, escribiente en cuanto orante, y orante en cuanto escribiente. ¿Qué había sucedido? ¡Oh, sin duda, no sólo en eso había degenerado nuestra orden! Se había vuelto demasiado poderosa, sus abades rivalizaban con los reyes.

……………………………

¿Qué había que hacer? ¿Dejar de leer y limitarse a conservar? ¿Eran fundados mis temores? ¿Qué habría dicho mi maestro?

No lejos de mí, el rubricante Magnus da Iona estaba ablandando con yeso un pergamino que antes había raspado con piedra pómez, y que luego acabaría de alisar con la plana. A su lado, Rabado de Toledo había fijado su pergamino a la mesa y con un estilo de metal estaba trazando líneas horizontales muy finas entre unos agujeritos que había practicado a ambos lados del folio. Pronto las dos láminas se llenarían de colores y de formas, y cada página sería como un relicario, resplandeciente de gemas engastadas en la piadosa trama de la escritura. Estos dos hermanos míos, dije para mí, viven ahora su paraíso en la tierra. Estaban produciendo nuevos libros, iguales a los que luego el tiempo destruiría inexorable… Por tanto, ninguna fuerza terrenal podía destruir la biblioteca, puesto que era algo vivo… Pero, si era algo vivo, ¿por qué no se abría al riesgo del conocimiento?”

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: