Por Rosa María Arjona

¿Alguna vez se ha parado a pensar qué habría sido del hombre sin el dedo pulgar?

Extienda sus manos y mírelas con detenimiento. Imagínese a sus cuatro dedos largos y esbeltos como miembros orgullosos de una antigua familia, puestos en línea, como si fueran a hacerse una foto: el padre, la madre, el  hijo mayor y el benjamín.  Capaces de moverse cada uno a su aire pero, sobre todo, de hacer grandes tareas en conjunto. Independientes y separados y, sin embargo, firmemente unidos a la misma base que les da fuerza y sentido.  Y a un lado, más abajo, sobresaliendo de esa misma base como una raíz gruesa y robusta, el abuelo, conectando con todos y cada uno de ellos, encorvado hacia abajo como si no quisiera perder de vista nuestros orígenes. Rememorando los tiempos jóvenes, cuando él y los suyos se agarraban con destreza de los árboles para columpiarse de rama en rama. Cuando manipulaban piedras para convertirlas en utensilios de caza o de defensa. Cuando cogían pequeñas semillas para que los humanos se las comieran o las plantaran. O a sus crías para protegerlas. En fin, cuando él se convirtió en líder natural para enseñar a los suyos que agarrando la vida con firmeza y en equipo se podía dominar el mundo.

Ya ve, nuestro poder sobre los demás seres de la naturaleza radica en ese humilde y pequeño dedo ancestral. Nada como él ayudó tanto a nuestro cerebro a desarrollarse y a expandirse hasta llegar a lo que somos ahora.

Resumen del libro “El arte de conducir bajo la lluvia” de Garth Stein (Los Ángeles, 1960)

Enzo sabe que no es como los demás perros. Él es un pensador de alma casi humana. A través de los pensamientos de Enzo, que en la víspera de su muerte hace balance de su vida y rememora todo lo que han pasado él y sus amos, se desarrolla una historia de amor, miedos y temores. Una historia del día a día de una familia que tiene que superar distintos retos a lo largo de la vida. Una historia de carreras con muchos obstáculos que sortear, en la que según se avanza más y más, cada vez está más nublado.

Enzo, siempre añorante de sus perdidos pulgares, nos enseña a ser más respetuosos unos con otros, a luchar por todo aquello que queremos, a ser personas, en definitiva. Su alma de perro longevo tiene mucho que enseñarnos sobre el ser humano.

Una pincelada

“Los teóricos de la ciencia no dejan de hablar de que los monos son los parientes evolutivos más cercanos al hombre. Pero eso es especulación. ¿En qué se basan? ¿En que ciertos cráneos antiguos se parecen al del hombre moderno? ¿Y eso qué prueba? ¿Se basan en el hecho de que los primates andan de pie? Ser bípedo no es ni siquiera una ventaja. Mira lo que es el pie humano, lleno de dedos torcidos y depósitos de calcio y pus que sale de uñas encarnadas que ni siquiera son lo suficientemente duras como para escarbar la tierra. Pero aún así, anhelo que llegue el momento en que mi alma habite uno de esos mal diseñados cuerpos bípedos y pueda tener las preocupaciones de salud propias de los hombres. ¿Y qué tiene de especial que el cuerpo del hombre haya evolucionado a partir del de los monos? No importa que venga de los monos o de los peces. La idea importante es que, cuando el cuerpo se volvió lo suficientemente “humano”, la primera alma humana entró en él.

Te presentaré una teoría: el pariente más cercano del hombre no es el chimpancé, como creen los de la televisión, sino, de hecho, el perro.

Esta es mi lógica:

Argumento número 1: el espolón.

En mi opinión, el así llamado espolón, que se suele amputar de las patas delanteras de los perros a una edad temprana, es, en realidad, prueba de la existencia de un pulgar rudimentario. Es más, creo que los hombres han eliminado sistemáticamente ese pulgar de ciertas razas mediante un proceso conocido como “cría selectiva” sólo para evitar que los perros evolucionen hasta convertirse en mamíferos con manos prensibles y, por ende, “peligrosos”.

Además, considero que la continua domesticación (por usar ese tonto eufemismo) a la que el hombre ha sometido al perro está motivada por el miedo. Miedo a que los perros, si se les deja evolucionar por su cuenta, lleguen, de hecho, a desarrollar pulgares y lenguas más pequeñas, lo cual los volvería superiores a los hombres, que debido a su andar bípedo son lentos y torpes. Es por eso por lo que los perros viven bajo la constante supervisión de los hombres, que los matan enseguida cuando los encuentran viviendo por su cuenta.

Por lo que me ha contado Denny acerca del gobierno y sus procesos internos, creo que este despreciable plan fue concebido en alguna habitación trasera de la Casa Blanca, nada menos, probablemente por algún maligno asesor de un presidente de catadura y fortaleza moral discutibles, y seguramente basándose en la correcta estimación, hecha, desgraciadamente, desde la paranoia más que desde la percepción espiritual, de que todos los perros tiene inclinaciones progresistas en los temas sociales.

Argumento número 2: el hombre lobo.

Sale la luna llena. La niebla cubre las ramas más bajas de los abetos. Un hombre emerge del rincón más oscuro del bosque y se encuentra transformado en…

¿Un mono?

Me parece que no.”

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: