Por Rosa María Arjona

Creer en la magia

Hace un año una amiga americana me regaló el libro Life of Pi de Yann Martel, para quitarme el mal sabor de boca que me había dejado Beatrice and Virgil,  escrito por el mismo autor diez años después de su exitosa obra. Yo lo había comprado en Brighton junto a otros siete libros (entre ellos la colección completa de Juego de Tronos) que a duras penas pude meter en la maleta a la hora de regresar a España y por los que tuve que sacrificar un par de prendas (un pijama, para ser más exacta), impulsada por mi amor a la lectura y mi constante lucha por mejorar mi inglés.

Beatriz y Virgilio, una burra y un mono, es una complicada fábula sobre los horrores del Holocausto y el maltrato a los animales, amén de una reflexión filosófica sobre el proceso creativo al estilo de Beckett en su teatro del absurdo, de difícil digestión. Su lectura fue un reto para mí en todos los sentidos. Sobre todo las páginas finales donde el autor hace un uso excesivo de descripciones violentas, sádicas y morbosas que, en mi caso, tuve la necesidad de saltar.

Después de leer La vida de Pi, a mí me da la sensación de que Beatriz y Virgilio es un complicado y absurdo experimento llevado a cabo por Martel con el fin de repetir el éxito anterior. Pero no hay color. La vida de Pi, es una maravillosa historia sobre el naufragio de un joven junto a un peligroso tigre de bengala llamado Richard Parker. Un verdadero viaje iniciático de supervivencia y madurez,  aderezado por la fe o la magia, esa necesidad de los hombres de creer en lo extraordinario para poder seguir adelante con la cruda realidad. Ahora la historia ha saltado a la gran pantalla con unos formidables y bellísimos efectos visuales que transmiten de manera magistral las emociones, experiencias y sentimientos del protagonista. Si le gusta el buen cine, no puede perdérsela.

Recomiendo verla en 3D para poder sentir las tormentas, las furiosas olas romper contra la butaca, las zarpas del tigre llegar hasta la cara…

Una pincelada.

Fragmento de la novela La Vida de Pi del escritor canadiense Yann Martel (Salamanca, 1963)

“El buque pasó por nuestro lado durante lo que se me antojó un kilómetro y medio, un kilómetro y medio de muro negro de cañón, un kilómetro y medio de fortificación sin un solo centinela que nos viera languideciendo en el foso. Lancé una bengala cohete, pero apunté mal. En lugar de volar encima de las amuradas y explotar en la cara del capitán, rebotó contra el costado del petrolero y se zambulló en el Pacífico, donde pereció con un silbido. Toqué el silbato con todas mis fuerzas. Berreé. Pero todo fue en vano.

El buque pasó de largo, los motores retumbando y las hélices dando vueltas explosivas bajo el agua. Richard Parker y yo nos quedamos meciendo en su estela espumosa. Tras tantas semanas de ruidos neutros, los ruidos mecánicos se me antojaron extraños y abrumadores y me dejaron sin habla.

En menos de veinte minutos, un petrolero de trescientas mil toneladas se convirtió en un punto sobre el horizonte. Cuando me volví, Richard Parker todavía estaba mirando hacia él. Tras unos segundos, él también volvió la cabeza y nuestras miradas se cruzaron. Mis ojos expresaban ansia, dolor, angustia y soledad. Él sólo sabía que había ocurrido algo estresante y trascendental, algo más allá de los límites de su entendimiento. Él no comprendía que la salvación acababa de dejarnos atrás. Sólo comprendía que el alfa que tenía delante, ese tigre raro y arbitrario, se había trastornado. Se tumbó para echar otra siesta. El único comentario que hizo al respecto fue un maullido malhumorado.

—¡Te quiero!

Las palabras manaron de mi boca, puras, sin límites, infinitas. La emoción me inundó el pecho.

—Te lo juro. Te quiero, Richard Parker. Si ahora no estuvieras aquí, no sé qué haría. No creo que resistiera. No, no resistiría. Me moriría de desesperación. No te rindas, Richard Parker, no te rindas. Te prometo que te llevaré a tierra. ¡Te lo prometo!”

 

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